Sociedad. Aportes. Patrimonio social. Patrimonio individual.

Contenido completo sólo para clientes

SOLICITA TU PRUEBA GRATIS
RESUMEN

Es esencial para la existencia del contrato de sociedad, la estipulación entre los asociados de poner algo en común con la mira de repartir entre sí los beneficios que de ello provengan. No cumple con este requisito, ni puede, por tanto, calificarse como de sociedad, el contrato en virtud del cual una de las partes entrega a la otra personalmente cierta cantidad de dinero destinado a operar en negocios de ésta, quien se reserva la propiedad de esos negocios y se obliga a restituir íntegramente aquella cantidad en los plazos y forma convenidos, abonando un determinado interés anual, y participando, además, el acreedor en la mitad de las utilidades que produjeran los negocios a que se destinaba el dinero. Los aportes sociales o lo que se estipula poner en común es lo que forma el capital social, patrimonio de la sociedad, diverso del patrimonio particular de los asociados; y en el caso de que se, trata no se constituyó ese capital social, desde que los bienes a que se destinaba el dinero quedaron en el patrimonio individual del deudor, a quien se entregó la cantidad convenida para fines de su particular interés y no para contribuir a la formación de un fondo colectivo... (ver resumen completo)

EXTRACTO GRATUITO

Page 586

Corte de Santiago 23 de octubre de 1914.

La Corte, resolvió:

Vistos: Reproduciendo la parte expositiva y los catorce primeros considerandos de la sentencia de 1ª instancia y teniendo además presente:

  1. Que es esencial para la existencia del contrato de sociedad, atendida la definición de ésta y otros preceptos legales referentes a ella, la estipulación en-

    Page 587

    tre los asociados de poner algo en común con la mira de repartir entre sí los beneficios que de ello provengan;

  2. Que el contrato de 21 de enero de 1910 no cumple este requisito, pues los contratantes nada pusieron en común; don José Manuel Cerda entregó a don Jorge Rodríguez Cerda personalmente cierta cantidad de dinero destinado a operar en negocios del mismo Rodríguez Cerda, y éste, por su parte, se reservó la propiedad de esos negocios y contrajo la obligación de restituír íntegramente aquella cantidad al señor Cerda en los plazos y forma que indica el contrato;

  3. Que los aportes sociales o lo que se estipula poner en común es lo que forma el capital social, patrimonio de la sociedad diverso del patrimonio particular de los asociados; pero en el caso de la cuestión no se constituyó ese capital social, desde que los bienes de Rodríguez Cerda quedaron en su patrimonio individual y el dinero de Cerda fue entregado a aquel para fines de su particular interés y no para contribuir a la formación de un fondo colectivo con que debiera ejercer sus operaciones la presunta sociedad;

  4. Que es de la naturaleza de este contrato que el capital social responda a los terceros del cumplimiento de las obligaciones sociales, en cuya virtud los socios que aportan ese capital están naturalmente expuestos a perderlo y no pueden recuperarlo mientras dura la sociedad y hasta que no se ha liquidado totalmente; entre tanto, don José Manuel Cerda quedó a cubierto del peligro de las pérdidas y, aún más, garantido del reintegro progresivo de su aporte durante el plazo de la supuesta sociedad, como se ve en las cláusulas 1ª, 3ª letra h, 5ª 10, 11 y 12, en la carta a Rey Braga, y en los cuadros a ella acompañados; lo cual demuestra que no puede atribuirse el indicado carácter de sociedad al contrato que Cerda celebró con Rodríguez Cerda;

  5. Que la sociedad forma una persona jurídica distinta de los socios individualmente considerados, entidad capaz de ejercer derechos y contraer obligaciones y que se exterioriza por los medios que la ley ha establecido para que se conozca su existencia y se pueda apreciar cuándo es ella, y no alguno de los socios personalmente, quien actúa en la vida del derecho; pero la de que se trata no habría tenido nombre conocido, ni representante legal que obrara por ella, ni habría exteriorizado su acción, por actos o contratos de especie alguna ejecutados en su representación, ya que nada de esto se ha hecho constar en autos, sino que don Jorge Rodríguez Cerda continuó la gestión de sus negocios como antes en su propio nombre y no como personero de alguna sociedad;

  6. Que igualmente es necesario para la existencia del contrato de sociedad, como para la de otro contrato cualquiera, que las partes contratantes tengan la voluntad é intención...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA GRATIS