Teoría de la culpabilidad

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Autor:Sergio Politoff Lifschitz; Jean Pierre Matus Acuña; María Cecilia Ramirez G.
Cargo del Autor:Profesor de Derecho Penal. Universidad de Talca/Profesor Asociado de Derecho Penal.Universidad de Talca/Profesora de Derecho Penal. Universidad Católica del Norte
RESUMEN

§ 1. Generalidades. A. Concepto y estructura. a. Estructura de la culpabilidad. B. Las consecuencias de la exigencia de la culpabilidad en la teoría del delito. a. La exclusión de la llamada responsabilidad objetiva y la presunción legal de dolo del art. 1º Cp. b. El problema del momento del juicio de culpabilidad: El rechazo a la llamada “culpabilidad de autor”. c. La eximente de caso fortuito y la exclusión del versari in re illicita. d. La necesaria reinterpretación de los llamados delitos calificados por el resultado. C. Excurso: Otras funciones del concepto de culpabilidad. a. La culpabilidad como fundamento de la pena. b. La culpabilidad como medida de la pena o, más exactamente, como criterio limitador de la pena. § 2. Los elementos positivos de la culpabilidad (I): El dolo como principal forma de la culpabilidad. Concepto y elementos. A. El elemento cognoscitivo del dolo. La exclusión del dolo por el llamado error de tipo. a. El objeto del conocimiento: Los elementos del tipo. a.1. El problema del conocimiento de los llamados elementos normativos del dolo. a.2. El problema del momento del conocimiento: El dolo debe existir al tiempo del hecho. a.3. Elemento intelectivo del dolo y omisión. b. Efectos y algunos casos especiales de error de tipo. b.1. El error en la persona o en el objeto (error in persona vel objecto). b.1.1. El error en la persona, según el Cp. b.2. El error de... (ver resumen completo)

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§ 1. Generalidades

A. Concepto y estructura

Al referirnos a la estructura del delito se señaló que para la imposición de la pena no es bastante la existencia de una conducta antijurídica (que pueda subsumirse en un tipo legal y no esté cubierta por una causa de justificación), sino que ella requiere además que al hechor se pueda hacer el reproche de culpabilidad, esto es, el reproche que se hace al que podía obrar diversamente y optó por la conducta prohibida.183

La necesidad de que al sujeto que realizó un hecho dañoso pueda imputársele también subjetivamente el resultado de su acción –como condición para la existencia del delito– es una noción proveniente ya desde Aristóteles184 y universalmente admitida en el derecho comparado, incluidos ordenamientos tan diferentes como el francés, donde se habla del élement moral o intellectuel del delito,185 el italiano (colpevolezza),186 el holandés,187 e incluso el derecho inglés, donde se conoce como mens rea.188 Naturalmente, la culpabilidad como un juicio de reproche fundado en que el hechor había podido obrar diversamente es también la doctrina dominante en Alemania.189

La cuestión discutida es, sin embargo, el contenido del juicio de culpabilidad. Así, mientras en los países en que las discusiones en el seno de la doctrina alemana no se suelen reproducir con fidelidad, la participación subjetiva del hechor en el hecho socialmente dañoso como condición de la responsabilidad penal se expresa, sin dificultades, en el concepto de culpabilidad y sus tradicionales formas psicológicas “en la cabeza del hechor” (dolo y culpa); en la doctrina alemana, en cambio, esta sistematización no es unánime: mientras algunos escritores mantienen el dolo y la culpa como ingredientes psicológicos del juicio de culpabilidad,190 otros –que corresponden a la corriente finalista más ortodoxa–191 sustraen el dolo y la culpa del ámbito de la culpabilidad para situarlos en el injusto (tipo subjetivo), reduciendo el ámbito de la culpabilidad al aspecto puramente normativo, esto es, al reproche. Todavía una tercera corriente192 sostiene que el dolo y la culpa pertenecen tanto al injusto como a la culpabilidad. La evidente influencia de la dogmática germana entre nosotros no sólo ha asentado la exigencia del reproche de culpabilidad como elemento del delito, sino también ha transplantado las diferencias sistemáticas recién señaladas,193 las que, con matices, se reproducen también en el derecho español.194

El estudiante que prefiera la opción sistemática del finalismo y sus variantes, tendrá que recomponer la estructura del delito y trasladar al tipo de injusto el tratamiento del dolo y de la culpa que nosotros ofrecemos en el ámbito de la culpabilidad. Nuestra experiencia es, con todo, que no hay que exagerar las complicaciones prácticas que puedan resultar de tales diferencias.

a. Estructura de la culpabilidad

Conforme lo dicho, la imputación subjetiva del suceso objetivo a quien lo realizó se fundamenta positivamente en dos elementos: el dolo (el sujeto sabía y quería lo que hacía) o la culpa (imprudencia, negligencia: el sujeto, que no quería el hecho, podía siquiera haberlo previsto y evitado).195

Sin embargo, a estos elementos positivos que fundamentan la culpabilidad se añaden otros presupuestos que, aunque de naturaleza también positiva, la práctica (y también las más de la veces la propia ley) los suele formular de manera negativa. Así, para afirmar el reproche de culpabilidad, es preciso que al dolo o la culpa –las llamadas formas de culpabilidad–, como relación psicológica del autor con su hecho, se agreguen los siguientes elementos:

a) que no haya existido una causal de inimputabilidad (la menor edad, la enajenación mental, el trastorno mental transitorio) consistente en la falta de madurez o de salud mental del hechor, que vuelva a éste incapaz de comprender y valorar la ilicitud de su hecho;

b) que no haya existido un error que impidiera al hechor comprender la antijuricidad de su conducta (error de prohibición), por lo que éste ha creído obrar lícitamente, y

c) que no haya existido una causal de no exigibilidad de otra conducta (p. ej., el miedo insuperable o la fuerza moral irresistible, del art. 10 Nº 9 Cp), que haya impedido al hechor actuar conforme a derecho.

¿Por qué razón se suelen formular estos tres requisitos adicionales en forma negativa (inimputabilidad, error de prohibición, inexigibilidad)? Porque el juez no es llamado a demostrar que el sujeto es sano de mente, que conocía la ilicitud de su hecho y que actuó en circunstancias normales. Todo ello se da por supuesto si no hay indicios de lo contrario.196

B. Las consecuencias de la exigencia de la culpabilidad en la teoría del delito

a. La exclusión de la llamada responsabilidad objetiva y la presunción legal de dolo del art. 1º Cp

La primera consecuencia del principio de culpabilidad es, naturalmente, la exclusión de la responsabilidad objetiva,196-A esto es, la atribución de resultados sin un juicio acerca de la imputación subjetiva del mismo, esto es, acerca de su carácter querido o previsible. Por fortuna, desaparecida la famosa responsabilidad en cascada de la anteriormente vigente Ley 16.643 sobre Abusos de Publicidad, no parecen existir en nuestra legislación supuestos donde opere esta forma, para nosotros aberrante, de imputación penal.

No obstante, la persistencia de ciertas presunciones legales en relación a la imputación subjetiva de la conducta de su autor,197 y particularmente la del art. 1º inc. 2º de nuestro Código Penal, que presume “voluntarias” las acciones u omisiones penadas por la ley, salvo prueba en contrario –la comúnmente llamada “presunción del dolo”–,198 han despertado el justificado recelo de nuestros autores,199 pues la inversión del peso de la prueba sobre la culpabilidad, en este caso, constituye una presunción que no siempre es fácil de desvirtuar y, en tal medida, un “riesgo de injusticias”.200

No obstante, hay que convenir que en esta materia la prohibición constitucional de las presunciones de pleno derecho de responsabilidad penal (art. 19, Nº 3, inc. 8º CPR) parece indicar, a contrario sensu, que no es inconstitucional una presunción simplemente legal, tanto más si se considera que ella puede desvirtuarse en juicio y existe, en materia procesal, la regla del art. 340 Cpp (2000), que aun sin dicha prueba contraria le permite al tribunal no condenar en tanto no le asista la convicción de la culpabilidad del acusado,201 disposición particularmente aplicable a la presunción del dolo del art. 1º inc. 2º Cp.201-A

b. El problema del momento del juicio de culpabilidad: El rechazo a la llamada “culpabilidad de autor”

Hemos dicho que en la base del reproche de culpabilidad se halla la pregunta acerca de la posibilidad de haber podido obrar diversamente; en ese sentido la cuestión concierne a la culpabilidad en el momento del hecho, y por lo mismo se afirma que nuestro sistema conoce únicamente la llamada culpabilidad por el hecho.

De allí que, como advierte con razón Arthur KAUFMANN, no son admisibles ya otras supuestas formas de culpabilidad, como la llamada culpabilidad por el carácter o por la conducción de la vida, conceptos desarrollados a partir de la doctrina nacionalsocialista, que significan abandonar el principio básico de la culpabilidad penal.202 Lo que se juzga en el derecho penal no es la “manera de vivir” ni el carácter de un individuo, sino el hecho por él cometido. Como apunta BAUMANN, el súbdito del derecho puede conducir su vida tan mal como le plazca, lo que interesa al derecho penal son los hechos amenazados con pena.203 También es verdad la hipótesis contraria: puede el hechor haber llevado la mejor de las maneras de vivir en el pasado, sin que ello obste a la existencia del hecho punible y de la culpabilidad por el hecho cometido. La doctrina de la culpabilidad por la conducción de la vida significa trasladar el reproche a una época anterior al hecho constitutivo de delito (es decir, la época en que en vez de ir a la escuela se prefería faltar a clase, se comenzó a beber, a llevar una vida desordenada, etc.). Conducir el reproche a esos hechos pasados que no son materia de prohibición conminada con pena constituye una evidente violación del principio nullum crimen nulla poena sine lege.

c. La eximente de caso fortuito y la exclusión del versari in re illicita

Si todo hecho ha de imputarse subjetivamente para ser culpable, es claro que de los sucesos no queridos o imprevistos, originados en el azar o la pura casualidad, no se responde, y así lo establece en principio el art. 10 Nº 8º Cp, que exime de la responsabilidad penal “al que con ocasión de ejecutar un acto lícito, con la debida diligencia, causa un mal por mero accidente”.

Las referencias de la ley al acto lícito y a la debida diligencia han dado pie para dudar si con ello se da entrada en nuestro sistema a la...

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