Aproximaciones al rol de los planificadores regionales de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA). - Vol. 41 Nbr. 124, September 2015 - EURE-Revista Latinoamericana de Estudios Urbanos Regionales - Books and Journals - VLEX 636921221

Aproximaciones al rol de los planificadores regionales de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).

Author:Lobos, Damián
 
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Este trabajo parte de la idea preliminar de que los planificadores regionales enfilados tras la visión del regionalismo abierto cepalino vienen desempeñando un rol clave en la actual estrategia de inserción de América Latina en el capitalismo global, la cual se encuentra sujeta a los imperativos mundiales del capital transnacionalizado. Se plantea que este rol consiste en viabilizar los intereses de los agentes del capital global (empresas transnacionales y fondos financieros) por sobre los capitales y gobiernos nacionales y, sobre todo, por sobre los sectores populares. En este escenario, los Estados nacionales terminan asumiendo un papel puramente pasivo en la toma de decisiones de lo que implica planificación de escala regional transnacional, pero profundamente activo en la implementación de la misma. La gravedad de esta carencia se hace patente en el carácter represivo que han venido adoptando los Estados en los conflictos locales generados por la implementación de los proyectos de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), como son los caso del conflicto Cachuel-Esperanza en Brasil; las sistemáticas persecuciones, asesinatos y expulsiones de campesinos en la región oriental del Paraguay; las muertes y persecuciones de mineros en el Cajamarca peruano; las puebladas de resistencia contra las mineras en la cordillera argentina, entre muchos etcéteras.

Bajo estos imperativos, los planificadores regionales hacen uso de procedimientos tecnocráticos particulares que tienen por finalidad la selección, retención y consolidación de determinados discursos, prácticas e identidades. Con miras a discutir algunos de estos aspectos se propone entender a los planificadores regionales desde el concepto de tecnocracia, en el sentido de actualización del imperativo de la racionalidad técnica de los economistas neoliberales por sobre otras consideraciones económico-espaciales.

No es intención de este trabajo abordar de lleno estas cuestiones, sino proponer líneas de discusión que rocen algunos aspectos que se consideran relevantes. Para ello es que se hace foco en los instrumentos metodológicos de la Planificación Territorial Indicativa (PTI) de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), entendiendo a esta última como institución reproductora del regionalismo abierto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) desde su propuesta general de integración física regional.

Con este panorama es que se presentan las cuatro siguientes secciones. Se comienza (apartado 1) con una exposición del contexto de emergencia de IIRSA y del regionalismo abierto cepalino desde la perspectiva de las estrategias espaciales del Estado latinoamericano, en un contexto de revalorización del capital; luego (apartado 2) se focaliza en el papel de la tecnocracia de planificadores regionales de IIRSA y, particularmente, en la producción de los instrumentos de Planificación Territorial Indicativa (PTI), para después (apartado 3) trazar una delimitación de la territorialidad propia de IIRSA. Se concluye con un resumen y algunas propuestas para guiar el debate sobre el rol de los planificadores regionales de IIRSA en la selección y sostenimiento del modelo extractivo-exportador en Suramérica en la actualidad.

Regionalismo abierto como estrategia estatal

En esta sección se parte de la noción de selectividad espacial de la circulación del capital, centrándose en el rol estratégico de los Estados para influenciar la misma. Luego se plantean dos momentos de reconfiguración de las estrategias espaciales de los Estados latinoamericanos: el enfoque liberalizador del Consenso de Washington, y el regionalismo abierto de la CEPAL. Por último, se plantea la emergencia y relevancia de IIRSA como agente reproductor de la estrategia del regionalismo abierto cepalino.

Desde un abordaje estratégico-relacional (Jessop, 2008), la forma diferencial en la que toma cuerpo el capital en cada territorio produce selectividades también diferenciales hacia la aplicación de estrategias espaciales por parte de los actores socioeconómicos implicados. Por un lado, los ajustes espaciales del capital global (1) implican una compleja vinculación entre espacialidades capitalistas diferentes dentro del micronivel de las economías particulares. Por otro lado, en estos procesos de reconfiguración espacial del capital global desempeñan un rol clave las estrategias de acumulación que los diferentes Estados locales aplican. Brenner (2003) define "estrategia espacial del Estado" como la puesta en acto por parte de este de su capacidad de influencia sobre la geografía de la acumulación y de la regulación, modelando "las geografías del desarrollo industrial, de la inversión en infraestructura y de las conflictividades políticas, en procura de ajustes espaciales o coherencia estructural" (p. 204).

En este sentido, los procesos de dislocación espacial (y/o temporal) del capital global impactan en el espacio no solo dependiendo de la posición de los diferentes territorios en el esquema global de circulación del mismo. Su impacto diferencial también depende de la aplicación de estrategias estatales concretas de modificación, modelación y trasformación de los atributos espaciales del capital, que tienen como finalidad la absorción y/o expulsión del mismo.

En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo de las tecnologías de la producción y la explotación excesiva de la fuerza de trabajo en las economías capitalistas centrales provocaron una estrepitosa caída de la tasa de ganancia en la producción de mercancías industriales de consumo masivo (Benko, 2002). La respuesta a la crisis de acumulación fordista en los países capitalistas centrales implicó una flexibilización y deslocalización del capital acumulado hacia fuera de sus economías. Esto redundó (como contrapartida) en la masiva inyección de capitales, en forma de inversión extranjera directa (IED) o de fondos de inversión.

En el caso latinoamericano, el arribo de esta masa de capital financiero internacional se observa directamente vinculado, en las décadas de los ochenta y noventa, a la aplicación de una serie de reformas de liberalización y apertura económica, conocidas como el Consenso de Washington. El mismo tuvo como principal estrategia de reproducción la generalización de prácticas políticas tecnocráticas de tinte neoliberal, principalmente sostenidas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (Silva, 1997). Las premisas centrales del mismo fueron la liberalización de la circulación del capital entre los espacios nacionales y la puesta en primacía del inversor capitalista por sobre el intervencionismo estatal. Como estrategia estatal, el enfoque liberalizador asume la noción de ventajas comparativas naturales; esto es, ante la eliminación de toda traba y distorsión por parte del Estado, el inversor privado seleccionaría la localización de su capital según atributos naturales de los territorios. La escala de acumulación no tiene fronteras y la economía política de los Estados asume por única finalidad la generación de un ambiente atractivo para la inversión privada (De Manos, 2004).

Hacia fines de la década de los noventa se empieza a observar una nueva matriz en la circulación internacional del capital, donde adquieren una importante (re) valorización (financiera) los productos primarios y/o materias primas (2). Los nuevos flujos norte-sur adoptan la forma de nuevos mercados internacionales, en el sentido de diversificación de la inversión directa y nuevas selectividades en la financiación. En América Latina, estos nuevos mercados han tomado cuerpo en las actividades extractivas (metales, biocombustibles, oleaginosas) y en la producción de materia prima para la exportación. De este modo, el subcontinente se convierte en un partícipe clave del nuevo régimen de circulación global del capital. Svampa (2008) plantea para gran parte de los países de América Latina una situación "caracterizada por la generalización de un modelo extractivo-exportador (...) basado en la extracción de recursos naturales no renovables, la extensión del monocultivo, la contaminación y la pérdida de biodiversidad" (p. 4).

En paralelo, un nuevo reflujo de movilizaciones populares, sumado a los limitados beneficios que el enfoque liberalizador les trajo a los capitalistas nacionales latinoamericanos (3), supuso un inicial cuestionamiento y un paulatino abandono de la estrategia del Consenso de Washington por parte de los Estados latinoamericanos. Con ello, el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) fueron perdiendo centralidad relativa en los ámbitos decisorios estatales (4), donde comenzó a emerger nuevamente el nombre de la CEPAL.

Desarrollado a comienzos de los noventa, el regionalismo abierto cepalino implica una estrategia espacial estatal caracterizada por la continuidad de los imperativos del consenso de Washington, pero en tanto readaptación estratégica del mismo, al proponer a la región latinoamericana como una escala en sí misma. Gudynas (2005) destaca que el regionalismo abierto difiere de la simple apertura del comercio y la promoción no discriminada de las exportaciones, en cuanto asume la relevancia de los acuerdos de integración previamente concertados, la cercanía geográfica de los Estados participantes y la afinidad cultural de los mismos. Las ventajas comparativas son regionales, lo que implica una estrategia espacial de los Estados nacionales para captar inversiones por medio de la extensión relativa de sus mercados de consumo y la conectividad de su diversidad económico-productiva.

Con el desarrollo de los procesos de integración regional, en los años ochenta toma un importante impulso la planificación en infraestructura subregional desarrollada principalmente en el cono sur (Mercosur), donde se destacan los corredores bioceánicos (ruteros y ferroviarios) y la hidrovía...

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