Clasificación de los bienes - Sección cuarta. El objeto y el contenido de los Derechos - Parte general (Continuación) - Tratado de Derecho Civil. Partes preliminar y general. Tomo segundo - Libros y Revistas - VLEX 275058351

Clasificación de los bienes

Autor:Arturo Alessandri R. - Manuel Somarriva U.
Páginas:23-131
RESUMEN

997. Utilidad y justificación - A. COSAS CORPORALES Y COSAS INCORPORALES - 998. Factor determinante de la clasificación - 998-a. La clasificación tradicional - 998-b. Análisis de las definiciones de cosas corporales - 999. Crítica de la clasificación tradicional - 1000. Moderna concepción de los bienes inmateriales o incorporales - B. COSAS MUEBLES E INMUEBLES - 1001. Idea general - 1002. Historia de la distinción - 1003. Interés práctico de la distinción - 1004. Diversas categorías de cosas corporales muebles e inmuebles - 1005. Inmobilización, inmovilización - I. COSAS CORPORALES INMUEBLES - 1. Inmuebles por naturaleza - 1006. Idea general - 1007. Las tierras - 1008. Las minas - 1009. Predios o fundos - 1010. Predios urbanos y rústicos - 2. Inmuebles por adherencia - 1011. Idea general - 1012. a) Edificios - 1013. Condición de la inmovilización de los edificios - 1014. Construcciones volantes - 1015. Partes integrantes de un edificio - 1016. Materiales separados del edificio - 1017. b) Arboles y plantas - 1018. Cesación de la calidad de inmuebles de los árboles y plantas - 1019. c) Productos o frutos - 1020. Carácter de la enumeración de los inmuebles por naturaleza y por adhesión. 36 - 3. Inmuebles por destinación - 1021. Definición - 1022. Noticia histórica - 1023. Motivos de la ficción de inmovilización - 1024. Diferencia entre los inmuebles por adhesión y por destinación - 1025. Determinación y calificación de los inmuebles por destino; cuestiones de hecho y de derecho - 1026. Condiciones generales de la inmovilización - 1027. Clasificación de los inmuebles por destino - 1028. Ejemplos que la ley cita de inmuebles por destinación - 1029. La enumeración del artículo 570 es ejemplar - 1030. Cosas de comodidad u ornato - 1031. Las estatuas - 1032. Instalación de calefacción central individual - 1033. Control de minutería - 1034. Cesación de... (ver resumen completo)

 
EXTRACTO GRATUITO

ITULO XXXV

CLASIFICACION DE LOS BIENES

997. UTILIDAD Y JUSTIFICACIÓN

Toda clasificación es una operación lógica. Consiste en distribuir, jerárquicamente, en grupos y subgrupos una multiplicidad de individuos u objetos considerando sus semejanzas y diferencias.

No se formulan las clasificaciones para deleite de sus autores y menos, cuando son numerosas, para fastidio de los estudiantes. Ellas ofrecen innegable utilidad. Además de ser un poderoso auxiliar de la memoria, permiten abarcar de un modo general los conocimientos que interesan y percibir más clara y fácilmente las relaciones de los miembros que las componen. Sólo son repudiables las clasificaciones caprichosas o de artificialidad evidente.

Los Códigos se han visto obligados a clasificar los bienes o cosas porque su régimen jurídico, común o diferente, depende de la clase a que pertenecen. Por ejemplo, las normas aplicables a la adquisición y enajenación de los bienes son unas para los muebles y otras para los inmuebles. Hay actos que pueden celebrarse con relación a ciertas cosas y no con relación a otras. En suma, son razones de interés práctico las que mueven a clasificar los bienes.

Nuestro Código Civil dedica un título a “las varias clases de bienes” (artículos 565 a 581). Señala las distinciones más importantes y generales. Pero la doctrina universal agrega otras. De inmediato pasamos a estudiar las construidas por la ley y las doctrinarias de mayor relevancia.

A. COSAS CORPORALES Y COSAS INCORPORALES

998. FACTOR DETERMINANTE DE LA CLASIFICACIÓN

Según que las cosas puedan percibirse o no por nuestros sentidos (sea directamente o por medio de instrumentos adecuados), se clasifican en corporales o materiales e incorporales o inmateriales.

998-a. LA CLASIFICACIÓN TRADICIONAL

Gayo, jurista de pensamiento clarísimo pero enigmático por los escasos datos que se tienen de su persona, publicó en Roma, en el siglo II de nuestra era,

23

Pun libro breve y elemental llamado Instituciones, que otros denominan La Instituta. Dice ahí: “También se dividen las cosas en corporales e incorporales. Corporales son las que se pueden tocar (quae tangi possunt), como un fundo, un esclavo, un vestido, el oro, la plata y otras innumerables cosas. Son incorporales las cosas que no se pueden tocar (quae tangi non possunt), como las que consisten en un derecho, a saber: la herencia, el usufructo, o las obligaciones de cualquier modo que se hayan contraído”. A continuación subraya que nada importa que la herencia comprenda cosas corporales, o el usufructo recaiga sobre ellas o lo que se nos debe sea un predio, porque si bien son corporales todas las cosas mencionadas, los derechos de herencia, de usufructo y el de obligación “son en sí cosas incorporales”, como también las servidumbres activas.1Los comentaristas enseñan que cuando los textos romanos hablan de cosas tangibles o que se pueden tocar, debe entenderse que se refieren a las que pueden percibirse por cualquiera de los sentidos y no sólo por el tacto.

Nuestro Código Civil se ajusta, en sustancia, a ese antiquísimo pasaje gayano. En efecto, dice: “Los bienes consisten en cosas corporales o incorporales. Corporales son las que tienen un ser real y pueden ser percibidas por los sentidos, como una casa, un libro. Incorporales las que consisten en meros derechos, como los créditos y las servidumbres activas” (artículos 565 y 566).

Puede observarse que la definición de cosas incorporales en nuestro Código resulta más estrecha que la de los romanos, pues la reduce únicamente a los derechos, en tanto que la de aquéllos señala que son incorporales las cosas intangibles, “como las que consisten en un derecho”. Se alude, pues, al derecho como un ejemplo de cosa incorporal.

Una definición más genérica y exacta de cosas incorporales es la que dice que son las que no se perciben por los sentidos, sino por el intelecto o entendimiento. Luego veremos que la doctrina moderna refiere el concepto de cosas incorporales a determinadas creaciones del espíritu.

998-b. ANÁLISIS DE LAS DEFINICIONES DE COSAS CORPORALES

En la doctrina se dice que son corporales las “cosas que forman parte del mundo exterior y sensible, o sea, que ocupan un espacio u obran sobre los sentidos”.2 Nótese bien: basta una u otra cualidad (ocupar espacio u obrar sobre los sentidos) y no las dos a la vez. Por tanto –consecuencia práctica–, la corriente eléctrica, aunque no ocupa espacio, obra sobre nuestros sentidos y es por esa sola circunstancia cosa corporal, y no cosa incorporal, como sostienen algunos, se-

1 La Instituta de Gayo, Imprenta de la Sociedad Literaria y Tipográfica, calle de la Manzana, número 14, Madrid, 1845, Comentario Segundo. De las cosas. Título Primero. De la división y adquisición de las cosas, párrafos 12 a 14, p. 85. Además de esta edición, que es la misma que consultó don Andrés Bello, hemos tenido a la vista otra, publicada con el título de Instituciones Jurídicas (de Gayo), dada a la estampa por Gráficas Diamante-Berilin 20-Barcelona, 1965, párrafos 12 a 14, p. 42.

TRABUCCHI, ob. cit., Nº 158, p. 390.

gún expusimos antes. A idéntica conclusión se puede llegar con la definición del Código Civil chileno, conforme a la cual son cosas corporales las que tienen un ser real y pueden percibirse por los sentidos. Tener un ser real significa tener una existencia verdadera, efectiva y no puramente ideal.3Resulta entonces que la corriente eléctrica, aunque carece de corporeidad, nadie puede sostener que es algo sin existencia real y menos que no puede percibirse por los sentidos.

999. CRÍTICA DE LA CLASIFICACIÓN TRADICIONAL

La distinción romana entre cosas y derechos –se afirma– nació de una errónea interpretación de la filosofía estoica de los griegos y, como clasificación, no tiene fundamento alguno o razón de ser. Porque toda clasificación importa distinguir partes de un mismo todo, y en este caso los miembros de la clasificación son de naturaleza muy diferente, pues, por un lado, aparecen las cosas corporales y, por otro, los derechos. O sea, se contraponen de una manera incoherente los derechos a su objeto.

Pero alguna explicación debe tener esta clasificación tan extraña. Ocurre que los romanos, por la amplitud de facultades que sobre la cosa da el derecho de propiedad, llegaron a identificar la cosa con el derecho mismo; éste se corporificaba en ella y se materializaba. De ahí que se usara –y se sigue usando– un lenguaje elíptico para expresar la propiedad que se tiene sobre una cosa, pues nadie dice “el derecho de propiedad que tengo sobre tal cosa”, sino simplemente “mi cosa”, subentendiéndose que la cosa es de propiedad del que habla. Ningún otro derecho admite su silenciamiento si se quiere manifestarlo. Siempre es necesario indicarlo con su nombre específico junto con la cosa que es su objeto. Por ejemplo, hay que decir “el usufructo o la servidumbre que tengo sobre tal predio”. Enunciando separadamente la cosa y el derecho que sobre ella recae se hace visible la naturaleza incorporal del último. Los romanos, pensando en el patrimonio, colocaban a un lado las cosas que les pertenecían en propiedad, considerándolas en sí mismas, como entes materiales, corporales, y al otro lado ponían los demás derechos, considerados como cosas incorporales. La clasificación resulta, pues, una antítesis entre el derecho de propiedad y todos los otros derechos. Y esto no tiene justificación, puesto que el de propiedad es tan derecho como los demás.

En nuestro Código Civil perdura la clasificación tradicional y habrá que aceptarla como una construcción de la ley positiva. Ha de advertirse, sí, que el legislador patrio no excluye de las cosas incorporales el derecho de dominio o propiedad. Porque después de expresar que son cosas incorporales las que consisten en meros derechos (art. 565), agrega luego que “las cosas incorporales son derechos reales o personales” (art. 576), y entre los derechos reales cita el dominio (art. 577).

Entre los diversos significados de “ser” está el de “lo que existe”, que es el que más se aviene con la redacción del texto del artículo 565. Por cierto, no desconocemos los demás sentidos, incluso el del filósofo alemán Heidegger que hace una distinción neta entre el ser y lo existente.

P1000. MODERNA CONCEPCIÓN DE LOS BIENES INMATERIALES O INCORPORALES

Indudablemente que si los derechos quieren mirarse como bienes, son incorporales; el reproche es a la clasificación que, de una parte, coloca como objeto de los derechos a las cosas, y de otra, a los derechos mismos. Por eso la concepción moderna integra en la categoría de las cosas incorporales a las entidades que, siendo objeto de los derechos, son perceptibles sólo por el intelecto y que, además de tener un valor moral como proyección de la personalidad, tienen uno económico. Se trata de creaciones del espíritu, de producciones del talento o del ingenio que son objeto de los llamados por la doctrina francesa derechos intelectuales. El nombre se explica, porque son derechos que se reconocen al intelecto. Entre esas cosas incorporales están las obras artísticas, científicas y literarias, los inventos industriales, los modelos de esta misma especie, los modelos ornamentales, el nombre comercial de una empresa, el nombre de un establecimiento de comercio, las marcas comerciales o de fábrica.

Todos los profesores levantan la voz –y algunos también las cejas– para advertir que no debe confundirse la creación espiritual con el substrato material en el cual se incorpora. Una novela, por ejemplo, como producción del ingenio es la cosa incorporal o inmaterial objeto del derecho de autor, y el libro en que está impresa es objeto de la propiedad de la persona adquirente.

Se dice que los forjadores de los bienes inmateriales tienen una propiedad análoga a la que existe sobre los bienes materiales. El Código Civil declara...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA GRATIS