Presentación del libro Correspondencia entre Gabriela Mistral y los escritores uruguayos. Edición, selección, notas y comentarios de Verónica Zondek y Silvia Guerra (Santiago: Lom, 1995). Cartas a Ester de Cáceres. - Núm. 36, Marzo 2006 - Cyber Humanitatis - Libros y Revistas - VLEX 56845715

Presentación del libro Correspondencia entre Gabriela Mistral y los escritores uruguayos. Edición, selección, notas y comentarios de Verónica Zondek y Silvia Guerra (Santiago: Lom, 1995). Cartas a Ester de Cáceres.

Cargo:Extracto
 
EXTRACTO GRATUITO

Muy queridas amigas, doña Maria de Mendilharzu y doña Ester de Cáceres, Montevideo.

Bastante he tardado en escribirles y lo hago en esta forma doble, pidiéndoles pasarla carta de una a la otra, porque no tengo fuerzas ni valor todavía para repetir la triste historia de mi desgracia, mejor dicho, para explicar a quienes me importan las razones --(así habrá que llamarlas sin que eso sean)-- que aparecen hasta ahora como causa de esa muerte insensata.

Llevo dos meses, queridas mías, de pensar, oír, buscar y procurar comprender. Nunca comprenderé cabalmente, nunca se me sosegará el alma con la certidumbre de haber hallado. De una parte soy un ser muy absurdo, y la ciencia no me convence nunca del todo; de otra parte, hay un punto oscuro y hasta hoy no se desmiente aunque tampoco se afirma. Aquí las razones de los materialistas o de los sensatos. El había nacido dañado por los forceps y tenía varias marcas de ellas en cabeza y frente. Es raro que en el último año el levantamiento anormal de la frente se había casi duplicado y así como de golpe. Pero había además una cicatriz que le atravesaba la nuca y me dicen que esa es la peor, pues entre 15 y 20 años o hay un reajustamiento de los nervios allí o hay un naufragio del sistema nervioso. El corrió muy tarde: todo un lado era anormal en altura de tórax, en torpeza de un brazo y en inhabilidad de una pierna. El tenía una timidez realmente morbosa, esto sí, y se creía un ser desventurado físicamente, aunque era un muchacho hermoso, descontando su espalda jibada- que enderezó al final. El era de una precocidad excesiva; nunca se me quedó atrás en las conversaciones y muchas voces iba delante de mi, con una prodigiosa inteligencia lógica, que le dio su lectura francesa. En lo sexual fue un retardado, pues tenia una inocencia fantástica de todo hasta los 14 años; pero se despertó bruscamente, y en país tropical, y en una escuela de muchachos en cierto punto indecentes. La causa primera, neta e indiscutible de su acto, si causa hay del orden que yo busco, fue un grupo de niños malvados-que en la Escuela le daban una vida muy amarga. Pero él pudo dejar la escuela o esperar tre meses para sus exámenes y no volver más. Uno de estos pícaros lo convenció de que la muchacha de quien estaba él enamorado lo llamaba "vagabundo" y no lo queda. Lo convencieron además de que se trataba de una muchacha inaccesible, y la verdad es que estaba en todo aspecto por debajo de él. Aunque era alemana, yo llegué a decirle que se casase con ella y me la trajese. Yo no la conocía, pero vi en sus últimos días que la pasión se le iba volviendo obsesión. Mucho lo desalentó la guerra: el mundo para él eran Francia y la República Española, repetía cada DIA que le daba horror el mundo que viene en el cual esos países serían polvo. El tenía-como yo- una especie de neurosis de la guerra. El punto oscuro son dos frecuentaciones que tuvo de parte de dos grupos de muchachos, uno integralista, o sea fascista, y otro comunistoide. Me di cuenta del primero y los eché de la casa cuando supe quienes eran. Los otros no los vi nunca; aparecieron dos con aspecto de tales días después de que Juan Miguel había muerto. Yo estaba en cama-nueve días no pude caminar-y perdí la ocasión de saber algo claro.

Mi vida con (mi J.M.) él era muy dulce y especialmente en los últimos tres meses, cuando quedamos solos en este caserón, porque Connie se fue a trabajar a su Embajada. Tenía las mayores delicadezas para mi, desde que supo de mi casi -ceguera venía de una aortitis. Dormíamos a dos pasos.

Se levantaba tarde de la noche si me oía respirar mal; me decía nombres más tiernos que nunca: me protegía desde que me vio la caída física.

El no era un sobrino, ni un compañero, era la finalidad única de mi vida; era mi razón de ser a secas; yo vivía literalmente por él, de él y para él. Pero me daba cuenta de su debilidad fabulosa para vivir y luchar con la maldad humana y hace meses le había dicho que si yo me moda, y antes de eso él no había cobrado coraje para vivir, yo lo vendría a buscar. Le dije además que yo no me creía capaz de vivir en ninguna parte sin él, fuese este u otro mundo. Tuvo una reacción muy vital: me dijo :.; Yo no he vivido, dejame vivir.

Leía demasiado y escribía una prosa de adulto, de hombre de 30 años. Hablaba perfectamente, pero muy bien, cuatro y casi cinco lenguas. Don de mi padre y de su padre, que sin embargo yo no tengo. Yo veía que su única dicha era leer y lo dejaba, cuidándole mucho los alimentos. Me fiaba a su herencia materna, para que lo salvase de ser el último de una línea entera de Godoyes nerviosos, y más que eso, neurótico. No le valió su sangre catalana, sin embargo. Pueden ustedes fácilmente imaginar lo que ha sido para mi esta prueba tremenda, esta penitencia, esta derrota y este duelo que no sabré soltar porque tampoco quiero liberarme de él. No quiero pederlo dos veces. Lo hallo en los sueños, de tarde en tarde, y estas imágenes van siendo de mas en mas dulces. (El se confesó y el franciscano me ha dicho tres veces que nunca vio un accidentado adulto confesarse con tal lucidez y altura de espíritu. El es capellán de Hospital y ha visto muchas muertes. Juan Miguel era católico, apostólico y romano, con cultura católica efectiva y con gran derechura en el dogma. (Pero le tocó vivir sus años decisivos-dos-, parece- con mujeres de mala laya). ¡Ay, mejor nes no decirles más, no escarbar más! Pedirles oraciones, si se las pido a las dos. Cada vez que puedan. Lo mismo que si rezasen por mi. No lo olviden, Ni Maria que le mandó una vez aquella preciosa cartera que él usó varios años, ni mi Ester que lo habría amado mucho y que no vino a verlo. Recen por él y Dios les devuelva esas oraciones en dicha de Carlitos y de ustedes mismas.

Ahora viene otro asunto muy diverso, muy de este mundo y del tiempo de hornaza que viene en camino.

Mi Embajador me pidió unas presentaciones para amigos de Montevideo. Ha ido allá por un Congreso, que ni sé de qué será, pues, apenas he leído en el mes pasado. Pero me importa grandemente, mas de lo que ustedes puedan saber, que el señor-González Videla vea las cosas fundamentales de Uruguay y que le sean mostradas a lo menos algunas por una persona que se las diga y valorice. Nosotros estamos viviendo unas "víspera" políticas del mayor riesgo, allá, en el Pacífico y yo, ausente 20 años, es muy poco lo que puedo hacer por mi gente y por el pobre pueblo que desvaría bajo la calentura que le inyectan los lideres.

Es muy probable que mi patrón actual sea el próximo Presidente nuestro; en todo caso es el líder popular de más empuje allá: Que él conozca, por fin, un país sudamericano sin clase divididas por abismos y caldeadas hasta el rojo blanco. Que él oiga de alguien muy respetable algo sobre vuestra industria republicana ejemplar, a fin de que crea que eso es posible en Chile. Que no quede circunscrito, como pasa siempre, a los miembros del Congreso que celebran y a algunos otros de poca o de mala calidad que se le alleguen. Ustedes no pueden saber hasta donde interesa este hecho y que gratitud tan viva sentiré de saber que mi patrón ha recibido en sus ojos y en su espíritu el fenómeno moral de vuestro país, que a mi me ha regado la esperanza desde que lo conviví y que hasta hoy me conforta de modo natural y hasta sobrenatural

Yo pedí hace muy poco un servicio al Doctor Blanco Acevedo No me hallo con valor para pedirle otro enseguida. Pero acudo a mi María Blanco para que haga cuanto le sea dable, y en último caso busque una persona que se acerque al señor González Videla con el fin dicho-naturalmente dicho a ustedes dos. De otro lado, pido a Ester que se acerqué a él lo lleve a ver alguna obra social que sea de primer orden y que le converse en el sentido de informarle acerca del camino social que hizo esa patria en cortos años. Créanme que espero mucho de esta doble diligencia, y sientan además que pongo en ella una especie de angustia patriótica, porque razones hay para que yo la sienta según veo las cosas en el Pacifico.

Nada me traerá tanto sosiego y dulzura como verlas. Por qué no han de venir, por que? Yo no quiero viajar en algún tiempo. Les prometo que, de tránsito o en viaje expreso, iré a verlas un dia. No piensen que las eximo de venir, lejos de eso: mi desgracia les pide la visita mejor que cualquier palabra mía.

Un abrazo tierno de su amiga que les debo cosas de su alma

Cónsul Gabriela Mistral

P.S.-Sobra indicarles discreción para el caso que les trato, el último de los lleva esta carta triste.

14 Oct.

P.D. -Firmar las cartas con firma entera.

[i]

Rió de Janeiro

Si no les escribo así, en cuadrilátero yo no sé cuando podría escribirles por separado y es tiempo de sobra de agradecerles sus cartas y su compañía desde lejos y de contarles en detalle la mala muerte que entró por mi casa tercera vez y peor que antes. Mi Yin, mi "niñito", ahora más "niñito" que nunca, por la locura que me lo llevó, no se fue por dolencia, Emita se me mató. Y escribir estas tres palabras todavía me parece sueño. Y estaré insensata y no tocaré fondo de estabilidad para mi misma mientras no entienda el absurdo. Me aliviaría, me descansaría, sólo con entender y aunque el entender no tenga nada que hacer con el recobrar ni el aceptar

Las razones que me dan, que me agrupan, que me descubren, casi todas resultan inválidas, o tontas, o débiles. La razón de mas cuerpo y la mas inmediata es la de una banda de malvados que le maltrataban de palabra en un colegio odioso lleno de xenofobia. Pero yo no lo mandé alli siquiera y él habría "podido dejarlo en cualquier momento. Le decían "el francés",con el dejo de burla que ahora le dan a la palabra en el mundo existía; le reían su pequeña joroba, que no pasaba de un lomito doblado. Pero uno de los pícaros se le aparecía en los lugares mundanos, cuando le veía con muchachas o familias, a echarle en cara algún desliz con mujeres livianas, delante de las señoronas "bigotes".Estos hechos lo torturaban visiblemente; su...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA