La idea de Responsabilidad - Núm. 8, Septiembre 2001 - Apuntes de derecho - Libros y Revistas - VLEX 396610958

La idea de Responsabilidad

Autor:Carlos Peña
Cargo:Decano Facultad de Derecho, Universidad Diego Portales
Páginas:5-5
RESUMEN

Hay pocas ideas más misteriosas; pero al mismo tiempo más decisivas para la cultura humana que la idea de responsabilidad, la idea de que acontecen cosas en el mundo que dependen, en algún momento, de su decisión o de la mía, Kant llamó "libertad práctica" a esa facultad de determinar nuestros actos sin que ellos dependieran dócilmente de la pura causalidad.

 
EXTRACTO GRATUITO
CARLOS
GONZÁLEZ
Decano Fflcultad de Derecho,
Univel'sídacl Diego Portales.
LA
IDEA
DE
RESPONSABILIDAD
«Buscamos
por
doquier
lo
incondicionado y
encontramos
siempre
sólo
cosas"
Novalis
Hay
pocas
ideas
más
misteriosas;
pero
al
mis-
mo
más
decisivas
para
la
cultura
humana
que
la
idea
de
responsabilidad,
la
idea
de
que
acontecen
cosas
en
el
mundo
que
dependen,
en
algún
momento,
de
su
decisión
o
de
la
mía,
Kant
llamó
"libertad
prác-
tica"
a
esa
facultad
de
determinar
nuestros
actos
sin
que
ellos
dependieran
dócilmente
de
la
pura
causali-
dad,
El
concepto
de
responsabilidad
supone,
a
fin
de
cuentas,
la
existencia
de
lo
incondicionado,
de
un
ám-
bito
exento
de
toda
causalidad
y
entregado
nada
más
que
a
mismo.
Sólo
si
una
parte
suya
escapa
a
la
es-
fera
de
lo
condicionado
-sólo
si
una
parte
suya
depen-
de
nada
más
que
de
misma-
usted
es
responsable.
Pero
si
usted
es
el
resultado
de
fuerzas
que
no
logra
controlar
y
que
apenas
comprende,
si
cada
acto
suyo
es,
a
fin
de
cuentas,
el
resultado
de
una
conjunción
azarosa
de
factores
o
de
un
capricho
soñado
por
un
Dios,
si
usted
es
pura
condicionalidad,
entonces
usted
no
es
responsable,
El
mundo
modemo
nació
hipnotizado
por
la
idea
de
lo
condicionado
y,
por
lo
mismo,
la
idea
de
responsabilidad
resulta
en
Él
incómoda,
La
fautástica
descripción
que
Newton
hizo
del
mundo
físico,
esa
reducción
de
los
movimientos
singulares
a
leyes
lln-
pelturbables
y
susceptibles
de
ser
expresadas
en
sen-
cillas
fÓlmulas
matemáticas,
es
una
muestra
de
hasta
qué
punto
cuando
la
modernidad
comienza
a
aparecer
en
Occidente
la
esfera
de
10
incondicionado,
la
esfera
de
la
responsabilidad,
comienza
también
a
ser
desalo-
jada.
La
modernidad
puede
ser
comprendida,
en
una
de
sus
varias
dimensiones,
como
un
intento
de
resca
M
tar,
de
buscar
la
incondicionalidad,
en
un
mundo
que,
sin
embargo,
parece
empeñado
casi
con
porfía
en
ne-
garla.
«Buscamos
por
doquier
lo
incondicionado
-dijo
Novalis-
y
encontramos
siempre
sólo
cosas».
¿Qué
diferencia
hay,
en
efecto,
en
un
mundo
regido
por
le
M
yes
inmutables
que
podemos
comprender,
pero
no
entre
una
muelte
por
asesinato
y
una
muer
M
te
tranquila
por
vejez,
si
en
ambos
casos
recibió
eje
M
cución
un
guión
predeterminado
-la ordinaria
causalidad-
que
ni
usted
ni
yo,
ni
el
asesino,
ni
el
vie-
jo,
pudieron
modificar?
Es
fácil
comprender
que
en
un
mundo
ocupado
hasta
sus
últimos
intersticios
por
la
causalidad,
por
la
esfera
de
lo
condicionado,
no
hay
lugar
para
la
res-
ponsabilidad,
para
la
idea
que
usted
o
yo
podamos
concebimos
como
agentes
capaces
de
modelar
nues-
tras
vidas,
alcanzar
acuerdos
cooperativos
y
respon-
der
por
el
conjunto
de
nuestros
actos.
La
procelosa
situación
de
lo
moderno
consiste,
justamente,
en
el
intento
de
conciliar
la
presencia
casi
unánime
de
10
condicionado,
con
la
idea
de
lo
incondicionado,
con
la
idea
de
agencia
moral
y
de
responsabilidad,
Es,
sino
recuerdo
mal,
en
unas
páginas
escritas
casi
al
mismo
tiempo
que
concluía
Guerra
y
Paz,
don-
de
Tolstoi
investiga
el
hecho
de
que
el
ser
humano,
en
cuanto
individuo,
adopta
sus
decisiones
con
entera
li-
bertad,
de
manera
incondicionada;
aunque,
sin
em-
bargo,
esas
decisiones
desembocarían
en
una
estadís-
tica
fija.
Así,
el
número
de
suicidios
permanece
casi
5
idéntico
en
el
transcurso
de
los
años,
10
único
que
cam-
bia
son
los
motivos.
Cuanto
mayor
es
el
número
de
decisiones
libres
sumadas,
tanto
más,
sugiere
1blstoi,
desaparece
el
resultado
del
libre
albeldrío,
Mientras
más
vivimos
la
incondicionalidad,
el
conjunto
de
la
histotia
se
muestra
asombrosamente
fijo.
Se
trata,
por
supuesto,
de
una
extraña
paradoja:
sab.emos
la
tasa
prom(fdio
de
daños
o
delitos,
pero
no
sabemos
quié
M
nes
decidirán
cometerlos.
Es
Mrecuerdo
haber
leído
en
Junger-
en
las
Consolaciones
Filosóficas
donde
Boecio
reflexiona
que
una
distribución
semejante
se
produce
con
el
dolor
en
el
mundo.
El
sistema
legal
suele,
claro,
estar
ajeno
a
la
re-
flexión
explícita
acerca
de
esos
problemas.
La
idea
de
responsabilidad
wideaque
hay
eventos
en
el
mundo
que
son
fruto
de
la
voluntad
individual
y
cuyos
resultados
deben
serle
sigue
siendo
la
regla
general
del
sislema
juridico,
Es
verdad
que
hay
fOlmas
de
im-
putación
fundadas
en
la
mera
causalidad,
como
OCUlTe,
por
ejemplo,
en
la
denominada
responsabilidad
objeti-
va,
pero
la
idea
de
responsabilidad
fundada
en
ese
mo-
mento
de
incondicionalidad
que
llamamos
deCÍsión
-
culpa
o
dolo-
sigue
siendo
la
regla
generaL
Hay
buenas
razones
para
mantenerla.
Si
bien
parecería
posible
dis
M
tribuir
todos
los
riesgos
ex
ante
bajo
un
sistema
de
se
M
guros,
de
manera
que
cada
víctima
estuviera
segura
de
ser
resarcida,
ello
acabaría
suprimiendo
ese
momento
de
incondicionalidad
que
soñaba
Novalis
y
en
el
que
el
derecho
parece,
todavía,
confiar.

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