La soberanía, el poder constituyente y una nueva Constitución para Chile - Núm. 2-2017, Noviembre 2017 - Revista de Estudios Constitucionales - Libros y Revistas - VLEX 705046749

La soberanía, el poder constituyente y una nueva Constitución para Chile

Autor:Lautaro Ríos Álvarez
Páginas:167-201
RESUMEN

Este trabajo pretende abordar el concepto de soberanía y sus diversas clasificaciones, desde una perspectiva tanto diacrónica como sincrónica. Del mismo modo, se examina el concepto de poder constituyente. Finalmente se aplican estos conceptos a los intentos recientes en Chile de discutir una nueva Constitución. El artículo afirma que la mejor manera de ser fiel al concepto de soberanía es... (ver resumen completo)

 
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LA SOBERANÍA, EL PODER CONSTITUYENTE Y UNA
NUEVA CONSTITUCIÓN PARA CHILE*(
sovErEignty, ConstituEnt powEr and a nEw ChilEan Constitution
lautaro ríos álvarEz1
lautarorios@estudiorios.cl
Resumen: Este trabajo pretende abordar el concepto de soberanía y sus diversas clasificaciones,
desde una perspectiva tanto diacrónica como sincrónica. Del mismo modo, se examina el concepto de
poder constituyente. Finalmente se aplican estos conceptos a los intentos recientes en Chile de discutir
una nueva Constitución. El artículo afirma que la mejor manera de ser fiel al concepto de soberanía
es recurriendo al mecanismo de la asamblea constituyente.
PAlAbRAs clAve: Soberanía; poder constituyente, poder instituido, democracia. Constitución chi-
lena, asamblea constituyente.
AbstRAct: This paper aims at analyzing the concept of sovereignty and various classifications, from
a diachronic and synchronic standpoint. Likewise, the concept of constituting power is also addressed.
Lastly, this paper applies those concepts to the very recent intents to discuss a new constitution in Chile.
This work argues that the best way to fully abide by the concept of sovereignty in Chile is using the
mechanism of a constituent assembly.
KeywoRds: Sovereignty, constituent power, instituted power, democracy, Chilean constitution,
constituent assembly.
introduCCión
Estamos en los albores de una etapa decisiva en nuestra evolución política.
Después de un desarrollo lento, pero progresivo, de nuestra vida republicana
durante un poco más de siglo y medio de historia cívica (1818-1973), caímos en
un foso del que tardamos diecisiete años en salir y de cuyas consecuencias aún
no hemos logrado recuperarnos.
La República democrática se derrumbó en Chile el 11 de septiembre de 1973.
El bombardeo del Palacio de Gobierno constituyó un acto emblemático. El país
Ponencia presentada en las XLIV Jornadas Chilenas de Derecho Público, celebradas en la P.U.C.CH. el
6 y 7 de octubre de 2014.
1 Abogado. Magíster en Derecho. Doctor en Derecho. Profesor Emérito de Derecho Constitucional y Político
de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso. E-mail: lautarorios@estudiorios.cl.
Estudios Constitucionales, Año 15, Nº 2, 2017, pp. 167-202
ISSN 07180105
Centro de Estudios Constitucionales de Chile Universidad de Talca
“La soberanía, el poder constituyente y una nueva Constitución para Chile”
Lautaro Ríos Álvarez
Estudios Constitucionales, Año 15, Nº 2
2017, pp. 167-202
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Lautaro ríos ÁLvarez
quedó dividido entre amigos y enemigos del gobierno militar. Quienes no eran
sus adictos fueron mirados como sus adversarios. Para éstos, se suspendieron las
garantías de los derechos humanos. Comenzaron las detenciones arbitrarias, las
torturas denigrantes y la macabra historia de los detenidos desaparecidos que aún
no termina de esclarecerse. En la oportunidad debida, denunciamos la práctica del
exilio como una acción ilegítima e inmoral; rechazamos la destrucción de la insti-
tucionalidad chilena y del tejido social laboriosamente construidos con el esfuerzo
de todos; condenamos el oprobio antijurídico del art. 8º original de la Carta de
1980 y la incongruencia con ella misma de la Disposición Transitoria 24ª. de su
texto primitivo. También denunciamos la ilegitimidad de dicha Constitución2.
Aunque todavía hay quienes viven la fantasía de creer que estamos regidos por
una Constitución legítima, resulta evidente para nosotros que se trata de una Carta
Fundamental espuria, originada a raíz de un acto sedicioso –el golpe militar de
1973– y, por ende, un acto delictivo; precedido de un proceso transgresor de las
normas establecidas para reformar la Constitución de 1925, vigente en esa fecha;
elaborada por dos órganos designados a dedo por la Junta Militar detentadora
del poder; aprobada ilegítimamente por ella misma bajo el designio de establecer
en Chile una “democracia protegida” por el estamento castrense; y –para coronar
esta comedia de equivocaciones– sometida a un “plebiscito” desprovisto de todo
control jurídico y político, cuyo resultado estaba asegurado de antemano.
La etapa de apertura de nuestra conciencia política que estamos viviendo, está
marcada por varios signos premonitorios. Si bien nos liberamos –a partir de la
reforma constitucional del año 2005– de la tutela militar impuesta sobre diversas
instituciones políticas, seguimos sintiendo la camisa de fuerza constituida por
los enclaves autoritarios subsistentes que limitan y a veces impiden el ejercicio
democrático del poder.
Las leyes orgánicas constitucionales –dictadas casi en su totalidad durante el
gobierno militar– mantienen inmovilizado el régimen político, comenzando con
el sistema electoral.
Los derechos sociales –que son tan fundamentales como el resto de los que
gozan de rango constitucional– no han podido abrirse camino en su ejercicio
efectivo por el sector más vulnerable de nuestra población.
En materia de relaciones internacionales vivimos como un país insular y ni
siquiera sabemos expresar el anhelo de la unidad latinoamericana que está inscrito
2 Pontificia Universidad Católica de Chile: “Razón y Fuerza de la Constitución de 1980” en XIX Jornadas
Chilenas de Derecho Público, pp. 325 y ss.
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La soberanía, eL poder constituyente y una nueva constitución para chiLe
y late con fuerza en la casi totalidad de las Cartas Constitucionales de nuestros
países hermanos y que constituye una herramienta fundamental para emerger
–unidos– de nuestro subdesarrollo endémico.
Pese a todo, se respira en la conciencia colectiva la necesidad de incorporar
estas aspiraciones en una nueva y legítima Constitución nacida de la voluntad
del pueblo. Y es importante destacar que el Gobierno de Chile ha expresado en
su Programa su intención de encabezar esta iniciativa.
Todas estas razones nos mueven a colaborar, con nuestro modesto aporte, a
convertir este sueño en realidad.
Primera Parte: La soberanía
1. idEa históriCa dE la sobEranía
Si bien existe consenso en la doctrina acerca de que el concepto de soberanía
–su análisis, definición y caracteres– es obra del abogado, filósofo y economista
francés Jean Bodin (o Juan Bodino en su versión española) en su opera prima:
Los Seis Libros de la República, editado en francés en la casa Du Puys de París,
en 1575, también existe el convencimiento de que la soberanía es un fenómeno
histórico-político presente desde la más remota antigüedad en toda sociedad
evolucionada hasta convertirse en Estado.
Así, se ejerció soberanía en los Estados teocráticos existentes en la India, en
el antiguo Egipto, en China y en la descripción bíblica del Estado hebreo; en los
estudios de Aristóteles sobre la polis griega y sus diversas Constituciones y en las
versiones monárquica, republicana e imperial de la antigua Roma.
También existió soberanía en los Estados conformados por los pueblos an-
cestrales de América. Así lo sugieren los vestigios de la cultura Maya y la de Tia-
huanaco, así como la historia de los imperios Inca y Azteca3, ambas civilizaciones
peatonales; no obstante lo cual dejaron impresionantes huellas de su organización
política, de su estructura administrativa, de su estadística, de su maestría en la
urbanización de sus ciudades, sus carreteras, sus técnicas de regadío, sus siste-
mas de comunicación y sus obras monumentales que dejaron asombrados a los
3 El pueblo “azteca” nunca existió. Aztlán era una ciudad mítica, hecha de oro,buscada por los españoles
cuando llegaron a Tenochtitlán, creyendo haber descubierto Aztlán. De allí la expresión “azteca”, habitante
de Aztlán.

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