Sor Juana Ines de la Cruz y Jose Lezama Lima: Dos Poeticas Barrocas Comparadas. - Núm. 41, Enero 2007 - Cyber Humanitatis - Libros y Revistas - VLEX 634501269

Sor Juana Ines de la Cruz y Jose Lezama Lima: Dos Poeticas Barrocas Comparadas.

Autor:Martínez, Luz Ángela
 
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Sor Juana Inés de la Cruz y José Lezama Lima: Dos Poéticas Barrocas Comparadas

La obra de sor Juana se ha abordado desde múltiples aspectos, muchos de ellos relacionados con los contextos de producción intelectual en la colonia, con los conflictos de raza, género y los que emanan de las formas estratificadas de la organización social colonial. Otro de los puntos que ha concitado el interés de los críticos ha sido el problema del conocimiento presente en su obra. Este problema se ha trabajado desde el punto de vista de su querella con la autoridad (eclesiástica) y desde su discutida filiación a la escolástica, el hermetismo o al método experimental.

Señalado lo anterior, quiero decir que mi aproximación a la obra de la monja, si bien considera con mayor o menor fuerza los aspectos mencionados, por el momento se centra en un intento de despejar los elementos que pueden ser considerados como su poética. Para ello abordaré la Explicación al arco de triunfo, Neptuno Alegórico, en cuanto encuentro ahí elementos que, a mi juicio, no solo configuran su poética, sino, además, atraviesan y particularizan el barroco latinoamericano hasta nuestros días. Ellos son las problemáticas Original/Copia, Naturaleza/Discurso, Verdad/Mentira y las dimensiones y alcances de la representación. La particular interpretación que hace de las anteriores dicotomías, constituye en la obra de la monja un elemento poético mayor que, a falta de mejor término, llamo "platonismo barroco", del cual emana el "perfectísimo original", es decir, su modelo de representación o concepto de imagen. Como se verá más adelante en esta argumentación, considero que el "platonismo barroco" y el "perfectísimo original" enunciados por sor Juana, constituyen directrices fundamentales de la "racionalidad barroca latinoamericana" desde el siglo XVII hasta nuestros días.

Pues bien, en "Razón de la Fábrica Alegórica, y Aplicación de la Fábula" de la Explicación del Neptuno, la conciencia autoral expone el método con que va construir la imagen del héroe y los pasos específicos que sigue. En primer lugar, no toma por modelo de la representación una entidad original metafisica, sino que elige una idea proveniente de la cultura y, más exactamente, del discurso poético, para, a partir de ella y respecto de ella, "delinear" las proezas que caracterizan al personaje objeto del discurso. En segundo lugar y en un segundo nivel de alejamiento entre entidad original metafísica y modelo, esta idea, punto de partida de la representación y de rápida asociación platónica, no es concebida por la conciencia autoral como una esencia original, primigenia o arquetípica, sino como un esbozo imperfecto o fingimiento, de una índole tal, que encierra la capacidad de revelarnos la verdad. La configuración oximorónica y paradojal que constituye y justifica lo que podemos llamar la idea-fingimiento barroca, es precisamente la primera razón que arguye la voz autoral para aplicar el método de representación: "... o ya porque entre las sombras de lo fingido campean más las luces de lo verdadero..."

No obstante la desestabilización que tal estructura oximorónica ya introduce en la categoría de verdad y a la concepción del modelo como esencialidad verdadera, la segunda razón aducida para se validar el método de representación constituye un tercer y mayor nivel de distanciamiento respecto de un original vedado -ejemplificado con la imagen de un sol cegador-, pues en este nivel, el fingimiento-idea, es decir, la representación, es equivalente a la copia de un reflejo: "...o ya porque sea decoro copiar del reflejo, como en un cristal, las perfecciones que son inaccesibles en el original..." En este momento de la teoría de la representación o de la construcción de la imagen que se está desarrollando, la conciencia autoral hace intervenir la figura de la comparación entre la idea-fingimiento y el original: "... o ya porque en la comparación resaltan más las perfecciones que se copian..." Pues bien, aun cuando la conciencia autoral afirma la comparación como una operación indispensable para el funcionamiento de su método, contradictoria y paradojalmente ha insistido en que uno de los términos comparados -el origina en este caso-, es inaprensibte, inaccesible o invisible, y permanece, tal como la divinidad egipcia con que abre el texto, encifrado en sí mismo, ausente en su misterio. Por lo tanto, la comparación a la que alude en verdad sólo es susceptible de realizarse entre reflejos que fingen copiar la perfección de un original inaccesible y que lo que en verdad anuncian es su ausencia.

Finalmente, cuando ya se ha dejado claro que la imagen o el "perfectísimo original" que se busca construir se basa en un concepto de Idea desfalcada y ajena a la esencialidad arquetípica, y que la comparación no se realiza entre un termino concreto y otro de orden metafísico, sino entre dos términos reflejos ajenos a la categoría de verdad y que refieren la ausencia y el vacío, la conciencia autoral hace intervenir la potencia creadora de Naturaleza, la cual funciona, según Sor Juana, del mismo modo que la cultura o el discurso, y más precisamente como la misma conciencia autoral, pues esta Naturaleza en el principio no produce originales perfectos a los que haya que referir toda producción posterior. Al contrario de una Naturaleza entendida en sus concreciones como fiel reflejo de la perfecta voluntad creadora Divina, la monja propone una Naturaleza-artífice que se ejercita y corrige a sí misma desechado constantemente esbozos hasta alcanzar la obra acabada. Así la Naturaleza-Artífice no sólo funciona como el discurso profano, reiteradamente validado por la monja con la atracción de citas de Quintio Cursio, Plinio, Cicerón y otros, lo hace del mismo modo que las Sagradas Letras: "...o ya porque la Naturaleza con las cosas muy grandes, se ha como un diestro artífice, que para sacar la obra a todas luces perfecta, forma primero diversos modelos y ejemplares en que enmendar y pulir lo que no fuere tan perfecto, porque después la obra tenga todas las circunstancias de consumada: y así ninguna cosa vemos muy insigne (aun en las sagradas letras) a quien no hayan precedido diversas figuras que como en dibujo la representen."

Tenemos, entonces que el original perfecto, como idea profana o divina o como concreción natural, no es inicial o iniciático, eterno, sino postrero e histórico, resultado de un largo proceso correctivo. Esta lógica valida en el Neptuno que el héroe sea concreción encarnada y perfecta, posterior a la idea...

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