Territorio - Derecho Constitucional - Doctrinas esenciales. Derecho Constitucional - Libros y Revistas - VLEX 233208585

Territorio

Autor:Valentín Letelier
Páginas:45-87
RESUMEN

Fuente: RDJ Doctrina, Tomo XIII, Nro. 3, 43 a 48 Cita Westlaw Chile: DD68232010 § 27. El Territorio § 18. Confinación de los nómades en comarcas determinadas.§ 29. Causas de las radicación de los pueblos nómades.§ 30. La propiedad y la soberanía.§ 31. El estatuto real. § 32. Las lindes territoriales. § 33. Las divisiones territoriales. § 34. Influjo del territorio en la población y en el ... (ver resumen completo)

 
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Territorio 12

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§ 27 El Territorio
  1. En el precedente capítulo, hemos estudiado la población en sí misma, sin tener mucha cuenta del medio físico donde se desarrolla. Pero, dado el carácter sedentario de la cuasi totalidad de las instituciones del Estado, es claro que ninguna población puede llegar á constituirse políticamente si no ocupa á firme y por derecho propio una porción del globo terrestre que la sirva de asiento y domicilio.

    Aquella porción del globo terrestre donde vive un pueblo con personalidad internacional, ó sea, donde él ejerce las prerrogativas inherentes á la soberanía, es lo que las ciencias políticas llaman territorio 3.

    De dos maneras ejerce su imperio la soberanía territorial: en lo exterior, de una manera negativa, en cuanto está prohibido á todo poder extraño ejecutar allí actos de dominación sin consentimiento del Estado; y en lo interior, de una manera positiva en cuanto están sometidas á la jurisdicción de las autoridades públicas todas las personas que se encuentran dentro del perímetro del territorio 4.

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    Como lo observa Summer Maine, la noción aparentemente tan simple de la soberanía territorial no ha entrado en las ciencias políticas y en el espíritu de los pueblos sino con mucho trabajo y en hora muy tardía 5. Por causa del imperio que el estatuto personal ejerce en los primeros grados del desenvolvimiento político, las sociedades atrasadas aplican sus reglas jurídicas independientemente del domicilio, creen que el Estado no necesita de un territorio para ejercer su acción, y no pueden elevarse á la noción de la soberanía territorial, porque es para ellas incomprensible el que una misma ley rija á individuos de sangre extraña sin que medie acuerdo, naturalización ó conquista, por el solo hecho de que unos y otros vivan en un mismo país. En fuerza del hábito, que en materias especulativas se confunde con la inercia mental, éstas que propiamente no son teorías ó doctrinas, sino simples maneras de ser, se han impuesto y perpetuado á lo largo de la historia casi hasta los tiempos modernos. Acaso más que las lucubraciones de los publicistas y jurisconsultos, han sido las grandes guerras nacionales, provocadas por el aparente antagonismo de los intereses comerciales, las que, despertando en los pueblos el sentimiento patrio, como algo más complejo que el sentimiento nacional, les han llevado á fortificar el principio de la soberanía territorial en resguardo y defensa de dichos intereses.

    Entre todas las sociedades que existen pueden existir, la del Estado es la única cuya existencia está vinculada á la dominación de un territorio.

    La familia, las religiones, las compañías civiles y comerciales, pueden vivir todas juntas en un mismo suelo y pueden prosperar y cumplir sus fines, sin ejercer imperio ni sobre un pequeño terruño. Pero el Estado no puede cumplir los suyos, ni prosperar si no posee exclusivamente un territorio que, aún cuando no esté sujeto á su dominio, lo esté á su dominación. Mientras el pueblo lleva vida nómade, la cohesión política tiene que ser muy floja; a sociedad no pasa del estado de simple agrupación, siempre dispuesta á fraccionarse; la autoridad carece de los medios más elementales de coerción, y por falta de base firme, la organización política se mantiene en equilibrio inestable. Si los gobiernos, según veremos (§ 65), tienen á los principios carácter ocasional é intermitente, es porque, no pudiendo el Estado cumplir integralmente sus fines en semejantes condiciones, fracasan una y más veces las tentativas que hace para formarse y perpetuarse. Cuando Fray Nino atestigua no ser raro entre los chiriguanos de Bolivia que multitudes más ó menos grandes de indios se alejen del caserío para escapar de la ira de algún cacique, deja cons-

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    tancia de un hecho que prueba la impotencia del Estado para imponerse coercitivamente 6.

    Bluntschi observa que, aunque vivan gobernados por jefes y regidos por ciertos principios jurídicos, los pueblos nómades no cumplen con todas las condiciones fundamentales de la existencia del Estado, porque él no acaba de constituirse mientras no fija su residencia definitiva. Aquellos pueblos que en la época de las grandes migraciones abandonaban su propio territorio para conquistar otro, pasaban accidentalmente por un período de peligrosa transición, porque el. Estado antiguo suspendía su existencia antes de que empezara el nuevo y. durante todo ese tiempo quedaba roto el lazo territorial, no manteniéndose la cohesión social sino en fuerza del lazo personal 7.

    A la inversa, el establecimiento á firme de un pueblo en un territorio cualquiera, surte en seguida el efecto de estrechar la cohesión social poniendo á todos los ciudadanos en la precisión de vivir los unos al lado de los otros, creando peligros y necesidades comunes á que nadie puede escapar sino mediante la ayuda recíproca, y especializando las labores industriales en términos que ninguno pueda bastarse a sí mismo 8.

    Giraud Teulon y Paul Gide hacen notar con mucha perspicacia que uno de los adelantamientos más importantes de la humanidad es la transición de la vida nómada á la sedentaria, porque merced á él se forma un estado social en que se hace posible el nacimiento de la propiedad y de la familia. Prescindiendo de la propiedad inmueble, cuya existencia es incompatible con la vida nómada, la más somera observación nos hace ver que el hogar, las costumbres domésticas y las formas superiores del matrimonio, sólo pueden nacer y prosperar en un estado sedentario que al crear la unión material de los individuos de cada familia, despierte entre ellos los sentimientos afectivos que forman la unión moral. No andaban descaminadas aquellas antiguas tradiciones, que atribuían á unos mismos héroes la invención de la agricultura y la institución del matrimonio, á Cécrope en Atenas, á Odin entre los germanos, á Fohi en Oriente. En Roma, la diosa Ceres de la agricultura, presidía las ceremonias nupciales y castigaba las infidelidad y los divorcios. Y esto se explica porque cuando el hombre se radica en un punto y traza los lindes de su predio y construye su casa, no crea para sí solo un establecimiento que

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    ha de durar más que él; lo crea para sus hijos y para su posteridad, echando así los fundamentos externos de una familia 9.

    Así, pues, la sociedad que todos los hombres constituyen en fuerza de su inevitable residencia en el globo terrestre, se estrecha sobre manera entre los de cada Estado en fuerza de la convivencia que la ocupación de un territorio limitado les impone 10. Es esta adherencia una de las circunstancias más fundamentales que permiten al jefe ocasional de la tribu asumir sin peligro de fraccionamiento social el carácter de jefe permanente. Es ella a fuerza que, al crear intereses que arraigan al hombre en un lugar determinado, retiene á los descontentos y les impide escapar al imperio coercitivo del Estado. Por consiguiente, la territorialidad forma parte integrante del Estado, en tales términos que, según lo observa Jellinek, cuando se viola un territorio, propiamente no se perturba el derecho de propiedad, sino que se vulnera la personalidad misma del Estado 11.

  2. Para que el territorio sirva de asiento al Estado, no se necesita en las sociedades civilizadas que sea continuo.

    En los tiempos antiguos, cuando no se conocía ni el vapor ni la brújula, cuando las naves ordinariamente no se aventuraban ni muy lejos de la costa ni muy afuera de los mares, la continuidad del territorio era indispensable para mantener la unidad del Estado. Cuando para subyugar y dominar á pueblos enemigos que vivían á larga distancia absorbían los romanos á los pueblos pacíficos y aún aliados que encontraban en el camino, los hábiles conquistadores del mundo no hacían más que someterse por instinto político al principio, entonces ineludible, de la continuidad territorial.

    En los tiempos modernos, ha perdido mucha parte de su valor esta garantía de seguridad que el Estado antiguo tanto apreciaba. Merced al descubrimiento de la brújula y al empleo del vapor como fuerza motriz de los ferrocarriles y las naves, hoy es posible administrar, gobernar y defender un territorio tan discontinuo como el del Imperio Británico 12.

    Empero, si el vapor y la brújula han hecho posible el territorio discontinuo, la base de la continuidad territorial conserva todas sus ventajas. En los territorios continuos, son más fáciles y menos costosos el gobierno, la administración y la defensa; la unidad del espíritu nacional se forma y se

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    conserva con mayor facilidad, y el Estado está mejor garantido contra las veleidades de independencia de las regiones más alejadas de la Capital.

  3. Tanto bajo el respecto económico como bajo el respecto político, los países son, ó dependientes ó independientes.

    Bajo el respecto enconómico, son dependientes aquellos países cuya producción no basta al consumo necesario de sus habitantes, aún cuando con sus riquezas naturales e industriales puedan procurarse en el exterior cuanto han menester. Los demás son independientes 13.

    En rigor no hay entre los Estados cultos ninguno que bajo el respecto económico, sea absolutamente independiente, porque el aumento de necesidades que la civilización trae consigo los ha puesto á todos en el caso de tener que recurrir unos á otros para satisfacerlas. Pero, se reserva el nombre de dependientes para aquellos que tienen que adquirir, fuera del territorio nacional, las cosas necesarias á la vida y que en caso de riguroso bloqueo, quedarían expuestos al peligro...

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