Transicion en las formas de lucha: motines peatonales y huelgas obreras en Chile (1891-1907). - Núm. 41, Enero 2007 - Cyber Humanitatis - Libros y Revistas - VLEX 634501257

Transicion en las formas de lucha: motines peatonales y huelgas obreras en Chile (1891-1907).

Autor:Grez Toso, Sergio
 
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* INTRODUCCIÓN

La guerra civil de 1891 dirimió un conflicto político en el seno de la elite e instaló durante varias décadas una nueva forma de administrar y resolver las contiendas entre los grupos asociados al poder. Se trataba, sin duda, de un sistema más consensual, más proclive a los acuerdos y negociaciones que el que había imperado bajo el régimen presidencialista existente hasta 1891 [1]. Pero a nivel social, durante largo tiempo los prohombres de la "República Parlamentaria" no aportaron ningún ajuste substancial. La "cuestión social" se hallaba bien instalada en Chile y cobró nuevos desarrollos, que hacia el cambio de siglo y la época del Centenario alcanzaron expresiones particularmente dramáticas, especialmente en el plano sanitario y en las represiones sangrientas de las protestas y petitorios populares. La opulencia de la sociedad oligárquica coexistía con durísimas condiciones de vida y de trabajo de las clases laboriosas, tal vez sin parangón en la historia del Chile republicano [2]. Las luchas populares siguieron durante algún tiempo manifestando la dicotomía ya presente durante las décadas de 1870 y 1880: "huelga obrera - motín peonal" o "petición organizada - espontánea asonada popular". Como toda dicotomía, ésta también puede ser discutible, aunque debe reconocerse que los elementos empíricos para apoyar tal caracterización no son escasos durante la última década del siglo XIX y los primeros años del siglo XX.

Más que intentar apuntalar con evidencias un fenómeno que ya hemos estudiado en lo relativo al período anterior a 1891, nos interesa someter a prueba el contrapunto de esas formas de lucha para sondear, a través del método de la investigación histórica, los posibles puentes y pasajes, las rupturas y callejones sin salida en el paso de las asonadas al movimiento obrero de la modernidad.

El motín y la asonada callejera, ¿fueron por excelencia las armas de los sectores más desposeídos en proceso de proletarización? o, por el contrario, ¿las utilizaron indistintamente variados segmentos del mundo popular? ¿Cuándo y por qué razones la violencia de "los de abajo" se fue extinguiendo y comenzó a ser suplantada por petitorios ordenados, disciplinadas medidas de presión y una tendencia creciente a la negociación? ¿Por qué motivos los peones en vías de proletarización asumieron los métodos del movimiento obrero? Y alternativamente, ¿la nueva clase obrera heredó de las rebeldías primitivas del peonaje decimonónico algunos comportamientos en el campo de la lucha social? [3] ¿En qué momento se produjo el paso del motín y la asonada al movimiento obrero? ¿Cuáles fueron, por último, los puntos de contacto entre el viejo movimiento de "regeneración del pueblo", de carácter reformista, liberal-popular, esencialmente mutualista y cooperativista, el nuevo movimiento obrero, decididamente clasista y emancipador y las asonadas y motines característicos de la era pre-industrial?

La historiografía de las últimas décadas ha entregado significativos elementos de respuesta a varias de estas interrogantes. Sobre el norte salitrero se cuenta, por ejemplo, con los aportes de Julio Pinto Vallejos, Sergio González Miranda y Eduardo Devés Valdés [4]. En el ámbito nacional, mi propio trabajo sobre el período anterior a la guerra civil de 1891 ha abordado algunos de estos problemas y sacado conclusiones parciales [5]. Queda, sin embargo, por investigar el momento decisivo de la mutación del peonaje de raíz colonial y de vastas franjas del artesanado en clase obrera industrial. Los años dorados del ciclo salitrero bajo la República Parlamentaria, los que transcurrieron desde el triunfo de la coalición anti-balmacedista en 1891 hasta el estallido de la crisis económica en 1914 por el impacto en Chile de la 1a Guerra Mundial, son claves ya que entonces el advenimiento de la economía moderna y la proletarización de la mano de obra lograron impregnar plenamente el conjunto de relaciones sociales en las principales ciudades y en las zonas mineras.

El presente estudio se propone tratar algunos de los temas enunciados, especialmente los relacionados con la vertiente peonal de la proletarización, en una perspectiva de alcance nacional, pero centrando su atención en tres escenarios claves: la región salitrera del Norte Grande, las urbes principales del "Chile histórico" o Chile Central, y la zona del carbón en el Golfo de Arauco. Nos hemos limitado al período 1891-1907 porque hacia fines de este último año la masacre de la Escuela de Santa María de Iquique cerró un ciclo de la historia del movimiento obrero y popular, provocando la desaparición del movimiento mancomunal y un marcado reflujo de las luchas reivindicativas.

LAS CONVULSIONES DE 1890 Y 1891

La huelga general de 1890 y la guerra civil de 1891 conmocionaron profundamente al mundo popular. El movimiento huelguístico del invierno de 1890 fue el primer enfrentamiento generalizado de clases en varias regiones del país al que los trabajadores concurrieron con gran espontaneísmo y no poca ingenuidad [6]. La guerra civil contribuyó al relajamiento de la disciplina social. En numerosos lugares se produjeron asonadas, motines y, sobre todo, saqueos de propiedades públicas y privadas. Hacia fines del conflicto -agosto y septiembre de 1891- la intensidad de estas acciones alcanzó su punto culminante debido al momentáneo vacío de poder que se generó en algunas ciudades y comarcas. La elite sintió, como tantas veces en el pasado, la presencia peligrosa del "bajo pueblo".

En la zona de Concepción esta sensación fue particularmente fuerte. El 30 de agosto se informaba desde Coronel al Intendente de la provincia que:

"Durante la noche una poblada de 800 hombres embriagados se tomaron la cárcel, liberaron a los presos y se apoderaron de las armas de los gendarmes. Luego procedieron a saquear licorerías, viéndose superada la policía y debiendo actuar el Ejército. Tras beber durante todo el día, se retiraron de la ciudad hacia las 6 de la tarde" [7].

Algunos trabajadores -como los empleados de la Maestranza de Concepción, que amenazaron a comienzos de septiembre con declararse en huelga si no se les cancelaban los sueldos atrasados y los mineros de Colico (departamento de Arauco), que se amotinaron durante las Fiestas Patrias y fueron reprimidos sangrientamente por los soldados- intentaron aprovechar la coyuntura ejerciendo presión sobre patrones y autoridades para satisfacer sus demandas laborales [8]. Por aquellos días proliferaron las noticias de pillajes e incendios realizados por turbas contra distintas propiedades. El 6 de septiembre se informaba desde Arauco al Intendente de Concepción de "dos incendios en población y dos casas saqueadas", de rumores que aseguraban que esa noche se dejarían caer los mineros, de nuevos incendios y "saqueos a dos establecimientos industriales" cometidos por "400 hombres ebrios" [9].

La inseguridad y el temor reinaron por doquier, hasta en el corazón de la República, donde la irrupción de la plebe fue particularmente abrupta durante los últimos días de agosto. Aunque en muchos casos los pillajes en la capital fueron alentados por los partidarios de los vencedores de la guerra civil, como una manera de castigar a los derrotados balmacedistas, la intervención de las "turbas" sobrepasó con creces el cauce de las represalias políticas de sus inspiradores, dándose rienda suelta a acciones de violencia social y, al igual que en la zona del carbón, de armamento espontáneo de elementos populares:

"Los acontecimientos ocurridos en la mañana del 29 del actual -decía un parte de la Dirección General de Ferrocarriles del Estado al Ministro del Interior- dieron lugar a que la Guardia de 25 hombres del batallón 4, que custodiaba la estación central de Santiago, abandonara su puesto como también sus armas, de las cuales se apoderó la multitud que rodeaba la estación. La gente del pueblo una vez que se vio armada, asaltó la oficina de equipajes y destruyó o se apoderó de una parte de los bultos que allí había.

Después pasó a apoderarse de los muebles de las salas de espera y boletería.

Entraron a la oficina de contaduría; se llevaron una parte de los muebles y desparramaron en todas las salas las guías de carga, boletos, estada, documentos de estadística, etc." [10].

Las detestadas casas de prenda también fueron objeto de la furia destructora de las turbas santiaguinas, pero a diferencia de lo ocurrido en la Estación Central, en estos establecimientos las armas estaban del lado de los propietarios y de sus dependientes quienes causaron gran cantidad de víctimas entre los asaltantes [11].

Un carácter parecido -sin intencionalidad política aparente- tuvieron la mayoría de los saqueos y depredaciones cometidos hacia fines de agosto y comienzos de septiembre en las zonas rurales de la provincia de Santiago. Esta parece haber sido la naturaleza del ataque sufrido el 31 de agosto por el fundo "San José de Nos", de propiedad de Julio Huidobro Arlegui, ubicado en el Departamento de La Victoria. Si bien la responsabilidad de esos actos fue atribuida a la incitación del mayordomo de un predio vecino, según la declaración del terrateniente afectado, el saqueo y posterior incendio de las casas por parte de los trabajadores del fundo "Santa Teresa":

"[...] no puede haber sido ocasionado por causas políticas ni ha sido ejecutada por pobladas como las que en esta ciudad atacaron las propiedades de algunos partidarios y cómplices del Gobierno dictatorial, pues mis ideas políticas son conocidas y es de notoriedad pública que no concurrí a funcionar como vocal de la Junta electoral de que soy miembro en marzo y junio del corriente año, a pesar de las amenazas que recibo de parte del Gobierno" [12].

La Junta de Gobierno del movimiento insurreccional que derrocó al Presidente Balmaceda se preocupó por retomar el control de la situación reprimiendo los desbordes populares que amenazaban con producirse en múltiples lugares de la provincia de Santiago. En las...

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