Noticia de un sol que crece: el poeta Andrés Morales. - Núm. 37, Marzo 2006 - Cyber Humanitatis - Libros y Revistas - VLEX 56845734

Noticia de un sol que crece: el poeta Andrés Morales.

Autor:Sequ
Cargo:Ensayo cr
 
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Sé muy bien que repetir un título es de mal gusto porque, de alguna manera, tiende a la confusión. Sin embargo, en casos como éste, no queda otra salida más que usarlo nuevamente, comprometiéndose a darle un tono distinto, digamos de mayor profundidad.

En efecto, el encabezado de este ensayo sirvió para rotular las dos versiones de la conversación que sostuviera en Santiago de Chile con Andrés Morales [3]. ¿,No es lícito, entonces, volver sobre mis propias palabras con la intención de explorar su poesia? Hacerlo me parece oportuno: se trata, ciertamente, de un sol alrededor del cual los casi siempre fulminantes o escépticos telescopios de la crítica literaria han puesto, cada vez con más insistencia, sus ojos.

Pasemos con este punto y aparte a informar acerca de quien, lejos de las grandes zancadas o de los pasos cortos, ha sabido proyectar una obra transparente, impar y, sobre todo, necesaria para conocer la poesía contemporánea no sólo chilena sino hispana.

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Hoy por hoy, la poesía hispánica sufre del encierro. Ya no aquél donde una ideología ponía púas y barrotes a la libertad, más bien se encuentra emparedada en una especie de claustro, igual de asfixiante, fundado en una ilusoria y caricaturesca movilidad. Salvo excepciones precisas, los poetas y sus poemas no llegan hasta nosotros. Después de la poderosa presencia que significaron algunos nombres, no hemos podido mantener el tránsito y la comunicación literaria. ¿Indiferencia? &Pereza? Me inclino a creer que a pesar de una prodigiosa lengua común, del exacerbado y delirante desarrollo tecnológico (arquetipo de esa patraña, una y mil veces ideológica, llamada posmodernidad) y de la supuesta apertura editorial, muchas tentativas han quedado atascadas, así como se oye, contra el muro geográfico. Aún y cuando están precedidas de esfuerzos meritorios, pocos logran remontar la terquedad Iocalista con que se les trata. No es posible cumplir su legitimo sueño de lectura internacional: apenas uno que otro círculo, más o menos informado, les echa un vistazo. No obstante, para no quedarme en el pesimismo extremo, diré que en realidad la estupidización que genera el marketing del best-seller, con ser apabullante, no logra aniquilar a quienes toman distancia de la publicidad y hurgan, plenos de inconformidad, entre calles y librerías los textos desprestigiados por la mentecatez del mercado.

Digo esto porque eso sucede en Centroamérica [4] con poetas como Aurelio Asiain, Sánchez Robayna, Eduardo Milán, García Montero, Eduardo Espina y Andrés Morales. Me quedo con la última referencia. Acostumbrado a recorrer los blasones canónicos tipo Parra, Gonzalo Rojas, Lihn, Teillier y Zurita (exceptuando sus insospechados giros extravagantes), sin mencionar a la maravillosa tradición que va de Huidobro, pasando por Mistral y de Rokha, a Pablo Neruda, me sorprendió el indiscutible valor de la trayectoria poética de este joven chileno, cuya voz crece entre convicciones éticas y sólidos ajetreos con el lenguaje. Y es que sus poemas siempre están del lado de la transparencia, aunque a menudo nos hable desde muladares cripticos, obsesionado por desenterrar, línea a linea, una mirada métrica y meticulosa.

La poesía de Andrés Morales abre el pasado sin perder la parte que le corresponde del presente. Condena, destruye y edifica, ataja cualquier complacencia de la memoria, mira hacia atrás sin enredarse en pequeñas demoliciones aéreas: con los pies en la tierra desmitifica pesados iconos de la historia. Escribe lo mismo un endecasílabo que una frase donde la única matemática posible está en la contabilidad de sus apetitos, vacilaciones y hallazgos. Para emprender la búsqueda...

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